viernes, 16 de enero de 2009

Trébol

Hubo un momento en la historia donde existió un primer hombre que aprendió cómo sobrevivir ante los fantasmas de su espíritu: éste primer hombre descubrió el secreto de hacer a los hombres sus hombres.
Él, animal rapaz, no se sentía satisfecho con sólo vivir de fresas, amapolas y carne de bestias. Tenía la ambición de dominar algo más. Una ambición de trascender.
Fue así como éste primer hombre, desarrolló dentro de su cabeza una especie de plan que se basaba, básicamente, en someter a sus semejantes.
Era muy fácil para él desarrollar el esquema: tomaba a cualquier hombre, lo ensalzaba con bazofias, lo animaba y hacía brotar de la tierra un trébol, un trébol de cuatro hojas.
¿Cómo lo hacía?
Muy simple, tomaba todas las mañanas muchos tréboles, los desarmaba y armaba de nuevo, creando un trébol de cuatro hojas.
Su semejante se quedaba petrificado al ver que existía este trébol mítico, que había por fin una coincidencia cósmica, y que él, sólo él, había sido el afortunado.
Todos los hombres, que conocieron al primer hombre, desarrollaron una enorme dependencia hacia él, convirtiéndolo en rey.
Sin embargo, un día, un hombre descubrió el secreto de los tréboles por casualidad. Vio al rey sentado, mordiéndose el labio inferior y con el ceño fruncido pegar una hojita tras otra hojita.
Este hombre no reveló el secreto a sus vecinos, ni gritó por doquier que el rey era un farsante; más bien, y debo decir, con mucha inteligencia, aprendió a crear otros tréboles de cuatro hojas.

Él también fue descubierto. Y el otro también. Y después otros cuantos.

Hoy quedan pocos hombres que creen en el mito del trébol de cuatro hojas (aunque lo buscan, desesperadamente). Muchos se la pasan construyéndolos, haciéndolos más grandes, más pequeños y hasta más especiales.

Pero para decirles mi verdad…
yo sigo prefiriendo un trébol de tres hojas.

miércoles, 14 de enero de 2009

Adivinanza


No habrá ser sobre la tierra que se me compare. Dominaré todas las lenguas del mundo, habré conocido cada rincón de cada país, habré comido y deleitado todos los platos culinarios y habré escalado cada risco de las tantas cordilleras. Tendré el poder de convertirme en cada animal, en cada cosa aprensible o no aprensible. Rescataré al enfermo, le daré de comer al hambriento, haré de todas las mujeres mis mujeres y de todos los hombres mis hombres. Tendré orgías, seré sadomasoquista, hombre lobo y vampiro. Seré presidente de Perú y también de Ecuador. Seré un suicida lanzándome de un séptimo piso o ahorcándome de una rama de un árbol. Seré estupidez, seré trasvesti.
Podré hacer que los besos se conviertan en espadas y las espadas en conejos y los conejos en pintura. Podré desaparecer la enigmática sonrisa de la Monalisa con una borra Nata. Podré apuntar un arma contra otro hombre y dispararle sin arrepentimientos.
Bajaré a los infiernos o subiré a los cielos, me haré rico, me haré pobre. Seré una servilleta usada bajo alguna mesa.
Reviviré a Leonardo Da Vinci para que me cante una canción, a Dalí para que haga la parada de manos y a Juan Vicente Gómez para estirarle los bigotes.
Yo escribiré mejor que nadie, con las mejores imágenes, con los mejores versos, con la mejor tensión del drama. Superaré por mucho más a Flaubert, Joyce y Rimbaud. También a Shakespeare me le adelantaré en complejidad psicológica de sus personajes. Yo escribiré la gran novela de todos los siglos, el poema más leído y citado del mundo y la obra de teatro más aplaudida.

¿Quién soy?


lunes, 5 de enero de 2009


Meire Faustiño ¿voce queir escuchar uma historea? Nao nao Faustiño, nao la historea de la caperucha, Faustiño. Esta e uma historia rial. Uma historia que le ocurrio a alguem ao le hotel mayestict, Faustiño. Sim, sim. Eu lo vi con ishtus olius que se han yi comer los gusano, Faustiño. Eu estaba saliendu yi la casa de Fáchima cuandu vi pasar a un ome qui chenia el falo enorme. Sim Faustiño uma verga inorme. Mais ¿voce sabe lo mais louco yi la historea? Le ome istaba muerto. Sim, sim Faustiño, le ome nao hacia naoda, naodita. Eu asho que e uma locura tambein Faustiño, mais se la verdayi. Mais, ¿voce tambein queir saber yi outra locura? Qui le ome era Albertcho Adriani, sim sim, ese meismo. Caracas ashaba qui ese ome era outra cosa mais es la meisma cosa qui toydos los omes, Faustiño. Menos voce, voce e um sol. La yenchi asha que le ome chenía um amor com uma seniora casada, sim Faustiño, casada. ¿Voce asha qui eso e iusto? ¿Ah, Faustiño, ah? Sem vergonza, voce e tambein com les outros. Nao, nao Faustiño, eu nao queiro chocolachi. Nao, Faustiño, eu nao queir floresh. Eu queiro amor.

Sim Faustiño, voce e um sol.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Guillermina está triste porque su marido está en prisión
Guillermina entonces le canta una canción


La cintura se me viene abajo. Te lo digo, de verdad. No sé por qué, ni cómo es que eso pasa, pero es que si Jacinto no está, la cintura se me viene abajo. Se derrite como un caramelo bajo el sol y queda ahí, sin movimientos, ni para este lado ni para el otro.
Es por eso que cuando Jacinto se va, yo me quedo sentada; así la cintura se me derrite en el sofá y no me caigo en medio de la sala.
Ese cosquilleo que me da, me duerme la cintura y mira, de verdad, de verdad, que te lo juro, no puedo caminar. Se siente que el cuerpo no es de uno sino que se fue con Jacinto.
A mi tú me dijiste que eso era y que amor, que el amor me poseía por las caderas y que no podía caminar. Yo creo que fue el mismo Jacinto que por muy celoso me puso esta cadena y ahora de amor me muero y me muero de no poder caminar.
Jacinto tiene un mes sin venir a la casa y no es porque no quiera y no es porque no me quiera y no es porque a mi se me duerman las caderas cuando él no está. Lo agarraron los de La Salvaje y no hay manera. Tampoco hay manera para caminar así que me quedo sentada en el sofá.

¿Haciendo qué, mujer?

Cantando…cantándole a Jacinto que está allá y que me escucha decirle:

Ay amor de caderas
ven y rescátame
como yo lo haría
si el mismo amor lo permitiese.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Estoy en Tahití viendo a un hombre llorar por la muerte de su gato.
Estoy en Rosario viendo la bomba de chicle que hace un niño.
Estoy en el vaso de agua que se derrama en alguna parte de Argelia.
Estoy en el centro de la aceituna de un martini en Mónaco.
Estoy sobre la cabeza calva de un niño polaco recién nacido.
Estoy detrás de un pescador triste en Cumaná.
Estoy caminando sobre un cementerio de secretos bien guardados.
No estoy en la punta de esas armas.
No estoy en el engaño de los ojos.
Estoy, siempre, cuidando a las palabras.
Estoy, siempre, cuidando.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Anagramas

I S A B E L L A
S A B E I L A L
L A B I A S E L
L A B I A L E S

Anoche soñé con unos labios que balbuceaban palabras inentendibles y hacían muecas de terror. Anoche soñé con unos labios que me hablaban de una lata abierta, de una Frescolita sin gas y de una Oreo vencida. Anoche soñé con unos labios que me cantaban arroróarroró. Anoche soñé con unos labios arrugados como uvas pasas o como pasadas uvas. Anoche soñé con mis labios callados. Anoche dibujé mis labios, tus labios, sus labios, los labios, esos labios, estos, aquellos y otros. Anoche soñé que usaba lápiz labial. Anoche creí que el lápiz labial se podía comer y me lo comí. Me comí el lápiz labial y me comí los labios y la lengua y los sueños y las noches y a Isabella.

Caput

S I L E N C I O
S I C I O E N L
S I L C I O E N
S I N C I E L O

martes, 2 de diciembre de 2008

¡Aquí Hay un Héroe!


- ¿Lo viste?
- ¿A quién?
- ¡Al héroe!
- ¿Tú me estás hablando en serio? Con eso no se juega…
- Te lo juro, lo acabo de ver pasar detrás de tu oreja.
- ¿Y me tocó?
- No…sólo se acercó mucho a ella.
- Hubiese querido verlo…
- Era como una bola de mantequilla de pistacho.
- ¡Apetecible!
- Más o menos, a mi no me gusta el pistacho.
- A mi tampoco, la verdad…