lunes, 25 de marzo de 2013

A propósito del último de Girls

He leído varias críticas sobre el último capítulo de la segunda temporada de Girls, muchas de ellas escritas desde la decepción y, debo admitir que, a primera vista, yo también me sentí algo decepcionada, por lo que generé empatía inmediata con quienes tildaban de hollywoodense la tramoya final. Sin embargo, luego de hacer analogías con cualquier película de Jennifer Aniston, me detuve a pensar que no todo era tan descabellado e irreal.
Muchos de nosotros no sabemos estar solos y eso no está del todo mal. Entiendo que la adultez sea un proceso de reconocimiento de nuestras capacidades y debilidades pero también creo que no debemos homogeneizar las cosas. Con esto me refiero a que el proceso no necesariamente tiene que ser una autopista en la que transitamos a 120 km sin cesar; la cagamos y eso nos lleva siempre a una carretera de tierra que a veces debemos cruzar de noche y a poca luz. En estas situaciones donde sabemos que estamos en riesgo, el otro se convierte en un comodín. Y esto no tiene nada de Hollywood o, al menos, no tiene la parte plástica de Hollywood, en todo caso es algo bien humano, que hacemos todos los días, a toda hora y con un objetivo bien claro: salvarnos un rato.
No creo que este último capítulo de Girls sea un desacierto, recordemos que el tema ya ha sido manejado antes cuando Marnie va al apartamento de Charlie e intenta volver con él. La mejor amiga de Hannah juega el último comodín contra la soledad y el asunto cae por su propio peso.
¿Por qué no esperar que esta reacción de Hannah y Adam se convierta en un elemento más de sus propias naturalezas? ¿No hemos vivido esto mil veces en carne propia?  Aunque sea un delirio y nos veamos acartonados, ¿no nos hemos embriagado gracias a un encuentro similar?
Llevábamos 19 capítulos conociendo a Hannah, llevábamos 19 capítulos empatizando o rechazando su egolatría, llevábamos 19 capítulos aceptando sus inconsistencias. Entonces, ¿por qué algunos no pueden ver que esta felicidad puede ser otro de sus falsetes?
Criticamos este final porque lo creemos imposible, en su representación televisada o en la realidad más allegada. Lo fulminamos desde ahí, desde su aparición o manifestación. No vemos que es un elemento más, un obstáculo que nos ponemos en la carretera, que disfrazamos de salvación y que en vez de acercarnos a la autopista, nos aleja a otros acantilados.

Sin embargo, ¿quién quiere vivir en línea recta?
La función va a continuar. 

martes, 10 de julio de 2012

Nueve perros despistados




Son nueve perros despistados:
Uno canta cuatro canciones
Cinco bailan en un trencito
Tres conversan sobre los gatos

Son nueve perros despistados:
Tres son ciegos de profesión
Tres son feos de nacimiento
Tres son cojos por atropello

Son nueve perros despistados:
Cuatro aplauden con las orejas
Tres imitan a Michael Jackson
Dos van a un coro gregoriano

Son nueve perros despistados:
Tres se ven en muchos espejos
Dos se bañan en el subsuelo
Cuatro persiguen el silencio

Son nueve perros despistados:
Dos chocan contra un toro loco
Cinco cargan un auto al revés  
Dos se enamoran de una garza

Son nueve perros despistados:
Uno sufre por la patilla
Dos se derriten en la lluvia
Seis aúllan por más comida

Son nueve perros despistados:
Dos se apuestan sus largas colas
Uno sueña con hacer arte
Seis prefieren morder las rocas


Son nueve perros despistados:
Muy doblados y distraídos.
Son nueve perros despistados:
Poco activos y tan cansados.

Son nueve perros, ¡qué rendidos!

Zzzzzz.

lunes, 28 de mayo de 2012

Cápsula

Quisiera tener una cápsula donde meternos, donde no nos pase nada nunca. 
No me importaría no tuitear más. No leer más 
[o leer sólo el libro que las dos acordemos llevar]. 
No me importaría no comer más que enlatados. 
No me importaría no poder fumar, ni tomar. 

A cambio de que estemos bien. A cambio de saber que allí no nos pasaría nada.
A cambio de encontrarte sin amenazas. 

Dejaría la ridiculez de la pretensión; el contacto innecesario, político, con el mundo. 
Dejaría el orgullo, la súperpersona, el yoísmo que no importa.

El ideógrafo lo apagaría. 

Estaría bien llevarnos una planta; un gato para que lo quieras más que a mí.
Un retrato de nuestro viaje a Cuba.
Unas bolsitas de té para mí. Un refresco sin gas para ti.
Todos los pares de zapatos que quieras.

Te prometo que, si nos llevamos la computadora, le pondré el protector al teclado.
Que mantendré la cápsula limpia. 
Y si dejo un vaso sin lavar, será a propósito.
Para que me regañes con tu trompa.

Y sé que esto de la cápsula es muy facha. 
Pero yo no quiero que te pase nada.

Sería un búnker de protección absoluta 
para esconderte de los malandros
de las pistolas
de las balas perdidas
de La Planta
del metro 
de la Principal de Bello Campo.
Entrenaré a mil perros, incluyendo los seis tuyos, para defendernos.

Así nadie nos molestará nunca. 
Y yo te protegeré y tú me protegerás.
Hasta que todo esto acabe. 

Y cuando eso pase, te compraré una cámara
para que vayamos tomándole fotos a todo.

Te abrazaré, sin despegarme, toda la noche,
con las ventanas abiertas, con las puertas abiertas.

Nos besaremos en las esquinas, en los bares,
en los baños de Discoverys recuperados.

Me obligarás a subir el Ávila
y a mí me volverá la fiebre de acampar.

Entonces veremos la cápsula como algo lejano.
Nunca ajeno, pero lejano.

Abiertos los ojos,
nos cuidaremos más los corazones.
Porque no habrá más nada porqué preocuparse.
Nadie nos hará daño. 



lunes, 29 de agosto de 2011

Micro 1. Sobre el cubismo y otros malestares


Tú sabes. Lo dije en serio la última vez. Dije que lo haría si te atrevías de nuevo. Te lo advertí cuando te cepillabas los dientes. Te lo recordé en una nota que dejé pegada en la nevera. No prestaste atención. Pensabas que estaba mintiendo. Tú muy bien me conoces. Tengo manías extrañas. Me gustan los pies sucios. Hablo sola. Me duermo con la luz prendida. Lo sabías e igual lo hiciste. Qué ganas, de verdad. Aún me siento incómoda con tu atrevimiento. Ajá, sé que no fue la gran cosa. No es Hiroshima, dijiste. No entiendes la composición de mi realidad. Es más, desconoces la disposición de mis ideales. Cierto, a veces suelo exagerar. Pero no es el caso. Aquí te fuiste. A veces pienso que tienes la cabeza en los pies. Suelo tener esta clase de imágenes en mi mente. No es que me este volviendo loca, no. No es eso. Sí, sé que tengo viejas manías. Me gustan los pies sucios. Leí la nota en la nevera. Tú me escribiste eso. No. Tú. Incrédula también soy. Dejaste el bolígrafo encima de la mesa. Te dije: salte del espejo que me estoy cepillando. Tú insististe. Me atreví y te clavé los dientes. Fue entonces cuando caminé con mi cabeza y te miré, tristemente, con mis pies.

sábado, 20 de agosto de 2011

Bio


Salí a tomar aire, sin apuros ni dolor, un cuatro de agosto.

Mancita, dirían, como para no comprometerme.

Todo empezó, debo decir, cuando me deshice del vestido esmeralda durante los quince años de mi hermana y elegí el pañal como única prenda; así anduve toda la noche, muy a pesar de mis tías costureras. El mundo se resumía a una lata de mantequilla y al televisor del comedor. En uno de esos embelesamientos, mi prima me arrancó el chupón de la boca y lo lanzó por el balcón, nunca lo rescató, me dijo que había caído en un pupú de perro. Por esos tiempos tenía los pulgares y los índices siempre pegostosos por sostener cubitos de azúcar; patuque general en publicaciones médicas, sillas y portarretratos. Un día de esos me caí y me rompí el párpado con la punta de una mesa, mi mamá gritaba que se me veía la cornea. Cornea, cornea, gritaba. Ese sábado me hice pipí sobre mis sandalias favoritas y como eran parte de mi pie, tuvieron que lavarlas rápido, más rápido que rápido y las metieron al horno para que se secaran; rápido, rápido se quemaban. Mi abuela siempre me regañaba porque me tomaba la Pepsi tucún tucún: ¡Niña, le va a dar algo! No había tiempo, tenía que correr a destruir los palacios de las hormigas. Contra todo pronóstico mundial, fui la virgen María en el pesebre viviente; ellos no sabían que con esqueletos de chicharras en el pecho y empanada chilena en mano convocaba conjuros mágicos: menjurje de cayenas, agua y tierra. En carnaval me disfracé de Leonardo y me preguntaron si era niña o niño; la interrogante se haría frecuente y tenía una única respuesta: ¡NIÑA! Me hervía la sangre y como tornado feroz, tigre o almuerzo sin arroz, me iba corriendo a mi cuarto y batía piernas, brazos y persianas. NIÑA, dije. Cuando la mononucleosis, disfrazaban las pastillas de panes con mermelada y yo caía y caía. A los papagayos que volábamos mi papá y yo siempre les faltaba cola, así que terminábamos comiendo helados tilín tilín. Yo creo que mis hermanas me regalaban melcocha para que me callara, pero no le digan a nadie. Intentaron que fuese violinista, karateca y nadadora; corista, panadera y doctora. Nada. A mi mamá le quedó una colección interminable de caídas y llamadas telefónicas. Más de una vez me inventé una enfermedad mortal, una octava plaga, un bronco espasmo terminal. A veces me acercaba al violoncelo de mi hermana mayor y pegaba la oreja a su barriga hasta que me descubrían, sin verme, desde la cocina. No te arranques la costrica era el himno nacional de mis padres. Tú no haces caso era, más bien, uno de los clásicos de siempre. Debo admitir que el vinagre y el bicarbonato fueron ingredientes esenciales para el desarrollo de mi lado científico, que en paz descansa, por cierto. Sí, pasé por la etapa de querer ser astronauta pero en el colegio se metían conmigo por eso de Saturno y desprecié, por mucho tiempo, nuestra vía láctea. Creo que no soy la única que detestaba esos cinco minutos donde el protagonista era el protector solar ni la frase célebre Nos vamos. Pero sí, nos vamos. Y a pesar del berrinche de mi niña por seguir contando historias, mejor lo dejamos hasta aquí y venimos otro día.


martes, 28 de junio de 2011

Parque Cristal

Mónica pocas veces se fija en mí. Mi mamá siempre dice que no me deje llamar negro porque yo soy trigueño, pero ni modo. Nos reuníamos en Parque Cristal cuando no habían puesto esas rejas. A mí me gritaban Negro Negro y yo bajaba. Mónica pocas veces se fijaba en mí. El Chalo sabía que me molestaba lo de negro y lo gritaba desde la segunda transversal. Nos poníamos a hacer cualquier cosa. Pita era del estilo callado y casi que no hacía nada. La vieja me llamaba a comer y yo sin hambre porque nos metíamos una canilla y dos litros de pepsicola. Mónica pocas veces se fijaba en mí. Cuando el Chalo le quitaba plata al papá, traía una botella de anís. Yo una vez intenté robarle a la vieja pero ella es muy pilas. Néstor José no me robes, me decía. Pita me subía a la casa borracho porque yo no aguantaba nada. El Chalo sí aguantaba pero eso es porque tiene unos primos que lo enseñaron. Mónica pocas veces se fijaba en mí. Los viernes venían las del Excelsior y se quedaban hasta las nueve. Yo buscaba al Pita para que la vieja lo dejara salir. Es ciega pero como jode. Buenas tardes señora Alida, deje salir a Ignacio que ya venimos, y al Pita lo dejaban tranquilo para que viera a Ligia. Ellos sí que eran raros porque se quedaban viendo a la cara toda la tarde sin decir nada y el Chalo pasaba a decirle pendejo, Pita, pendejo. Mónica pocas veces se fijaba en mí. Nos pusimos a fumar y todos se rieron porque me ahogué con un belmont y el Chalo me dijo beh negro que no sabes, no sabes. Y yo le dije que no me digas negro y él me dijo bueno trigueño como te dice la gorda puta de tu mamá. No le digas puta y me fui a darle en el pecho pero él había traído una de anís. Mónica pocas veces se fija en mí pero esa tarde me gritaba Néstor Néstor y yo veía el otro lado del cielo proyectado en los vidrios de Parque Cristal y le respondía: dime negro, Mónica, dime negro.

sábado, 18 de junio de 2011

El oso peregrino


A Freddy


Yo conocí un oso
la noche del domingo.
La luna alumbró sus ojos
y con un gruñido me dijo:
- Yo vengo de Moscú.


- ¿Dónde es eso?
pregunté.
y él respondió, señalando la montaña,
- Más allá de yo no sé.


Tras ver mi disposición,
empezó a contar sus viajes:

El sábado estuve
en Nueva Dehli
y el viernes
en Kazajstán.

El jueves pasé
por Bolivia y Canadá.
Después de dormir el miércoles en Pakistán
olí las flores de Panamá.
Y el lunes me encontré
más allá de Porlamar.


Era un oso peregrino
que olía a marsupial
y tenía en su barriga
un mapa mundial.

Estaba cansado

de tanto viajar.
Le di un vaso de leche
y un cuenta gotas musical.

Nos dormimos entre viajes
al más allá del más allá
y hasta la noche siguiente
no nos volvimos a encontrar.

A pesar de creer haberlo visto

en la mañana al despertar.

jueves, 19 de mayo de 2011

Inutilibus Reflectatio



Yo creo que hay que pensar en la vacilación de los equilibrios, en la oscilación de los componentes, en el falso comunista y en el empresario de izquierda, en la dicotomía que existe entre ideología comercial y moral interna. Para soportar la incongruencia, todo se resume en quien se hace mejor el loco.

Jugamos a la crítica y asumimos posturas métricas decapitantes para resguardarnos en la sombra de los prefijos: pretexto, prejuicio, preliminar. Desconocemos, nos aterra soplar el vidrio de la moral para hacerla ideología. Miedo al desnudo. Aventurarse al desvestirse es un proceso doloroso, desmembrante, autoseñalador, casi de vía crucis.

Vivimos en la monarquía de la imagen, de la calle como espejo. Nos sustentamos en discursos que pocas veces se conectan con el hemisferio sur de nuestros cuerpos. La emoción subestimada. El grito, el llanto y la risa en un reduccionismo arbitrario. No hay espacios destinados, habitaciones nombradas ni destinos vacacionales que induzcan a lo posible. La probabilidad como magno evento social.

Pensamos en la materia simplificando su extensión. Creamos un universo a partir de los cromosomas conocidos: X y Y, negro y blanco, arriba y abajo. Tabular es lo que mejor se nos da. Es el mal de asumir topografías internas.

Y al final terminamos sumándonos a la huelga en el delirio sin ser concientes de su surrealismo y atribuyéndole estructuras rígidas que se erosionan como un cadáver bajo el sol.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Breve reseña de Consejos de in discípulo de Morrison a un fanático de Joyce

“Para nosotros el triunfo es la muerte del intelecto y de la imaginación” (p. 84) Y ante esto, ¿hacia dónde concentramos los esfuerzos? El dilema está en la incorporación o no al sistema. Ángel Ros y Ana retan la credibilidad de las condiciones que la sociedad impone y como Mickey y Mallory Knox encuentran las Respuestas en la adrenalina del robo, del asesinato, de la transgresión. En la sin fe del mundo moderno, empuñar un arma parece, en el caso de estos personajes, conducirlos a alguna especie de reconocimiento de sí mismos. El no creo en nadie encarnado en Ana surge de su no territorio, es un personaje construido sin raíces donde existe hasta un cuestionamiento de su propia sexualidad; hay en ella una expansión moral que le permite manejar el tabú como cotidianidad. Es así como el delito encarna en ella bajo el motivo de diversión: “- Ven, vamos con ellos, fíjate que estamos en las últimas, Angelito, como un sueño…es la pura buena suerte.” Dice mientras obliga a Ángel a cogerse a una de sus rehenes. Desaparecen los linderos de las buenas costumbres; Ana es una desencajada, el desdibujo de la moral cívica. Ella se toma en serio el precepto de la libertad y Ángel está enganchado a la adrenalina de esta mujer imposible de enjaular pero imprescindible “ella como soporte y ente unificador de la obra ante la posible dispersión…” (p.81). Él, por otra parte, representa el conflicto Bolañezco del escritor que pierde la fe en los sistemas regulares del trabajo de oficina y atenta contra las estructuras porque no queda más qué hacer. Momento de epifanías donde el ¿para qué? está claramente resuelto. Sin embargo, como ocurrirá en otros momentos en otros personajes de Bolaño, hay una búsqueda de una estética apadrinadora. Ros elige a Joyce y pretende construir una novela entorno a Dédalus, un personaje muy “meta-autobiográfico” (Dédalus – Ros – Bolaño) que abandona su vida de “vulgares cotidianidades” para entregarse a la profesión de criminal. La unión de estos especímenes dará como resultado una sucesión de escenas donde se refleja el “no me importa nada porque la verdad, esto no tiene sentido”. Ana y Ángel, sin decirlo, son militantes. Seguidores de Morrison armados. Para los moralistas vernáculos son adultos queriendo ser adolescentes, pobres pendejos descarriados. Para los no tan moralistas, una llama de suspicacia. La fe puede estar al otro lado del río.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Hay que comenzar a escribir
las historias que se apagan

se distancian
hay que comenzar a escribir

las notas de los versos
do re do re mi fa la la sol si do

los ojos de los sapos
y los cuidados de la pereza

hay que comenzar a escribir
no sé qué anécdotas

no sé qué anécdotas
sin ti

pero las anécdotas
las mismas una y otra vez

hasta que un día
como hoy
no haya nada que escribir.
Hay que comenzar a escribir
las historias que se apagan

se distancian
hay que comenzar a escribir

las notas de los versos
do re do re mi fa la la sol si do

los ojos de los sapos
y los cuidados de la pereza

hay que comenzar a escribir
no sé qué anécdotas

no sé qué anécdotas
sin ti

pero las anécdotas
las mismas una y otra vez

hasta que un día
como hoy
no haya nada que escribir.

martes, 4 de mayo de 2010

Estado del Tiempo: Erotismo

separas las piernas fuertes precipitaciones se esperan para esta tarde le recomendamos buscar su paraguas zona de promesas a la vista el cielo truena el tráfico se estanca algunas gotas caen deslizándose por el aire un dirigible se lanza al hoyo negro y los párpados se caen acelerada agua se derrumba desde el cielo se deshace la sal se concentran las energías en el punto de fuga la pintura en ese lienzo se derrite los zapatos rosados se mojan y se ven azules brotan de tu boca alientos avernales las hojas del apamate sonríen desde su relente se ve la cara de la muerte arrastrando la piel inundaciones en Chechenia y Moscú vibra la ventana atrayente de vientos retumban los vasos de vidrio azul un relámpago se consume a lo lejos la espalda es el lienzo de tus uñas apodera las gotas retumban como percusionismo africano y el mar viene desde lejos con tus cantos de sirena hasta que sólo se ve el arca de Noé

y su paloma mensajera.

sábado, 24 de abril de 2010

Asesinato en la Principal de Bello Campo



A los del cuento. Menos a mí.


Cuando abrimos la segunda botella de ron yo sabía que nada podía salir bien. Es decir, tres personas con dos botellas de ron y todo al carajo. Comenzábamos a perder la lógica que tienen las matemáticas. Para ese tiempo habíamos roto dos sillas, algunas copas de la abuela y una jarra para el té. Creí que no íbamos a llegar más lejos. Algunas veces recitábamos la Biblia, otras a Armando Scannone. Otras veces más bailábamos la lambada o alguna de El General.
Si estábamos de humor, hablábamos del amor. Esas cosas típicas de borrachos.
Esta vez todo fue diferente. ¿Alguna vez han visto a Rodrigo tratando de hacer algo con las manos? Es más torpe que un avestruz. Si contamos la cantidad de vasos derramados, podríamos llenar el lago Titicaca. Pero esto no tiene nada que ver con vasos. Es peor. La segunda botella de ron ya iba por la mitad cuando se le ocurrió – a Rodrigo – hacer algo brillante. Una idea del carajo. Contextualizo: cuando me mudé con mi hermana a este apartamento, teníamos un calentador de agua eléctrico. Pero con los apagones se nos dañó el perol. Desde ese día si quieres agua caliente, tienes que usar la ollita. Sin embargo, mi madre indignada no podía permitir que siguiésemos bañándonos con agua fría. Es así como nos compró otro calentador, pero de los baratos. Es decir, de los que no son eléctricos. Los tipo tanque.
La idea, entonces.
Rodrigo se levanta y dice:
Esa vaina la podemos poner nosotros.
Gaby dice:
Claro, claro que la podemos poner nosotros.
Yo digo:
Nosotros podemos poner esa vaina.

¡La vaina puede ser puesta por nosotros!

No hay que esperar el albañil. ¿Qué tan difícil puede ser? Rodrigo sacó el calentador de la caja, fuimos hasta la cocina y comenzamos a trabajar. Yo no podía con esta alma emborrachada pero aún así me concentraba un poco más que el mismo Rodrigo. Lo que pasó después podría ser perfectamente una escena de alguna película de Chaplin.

A ver, el soundtrack.

Rodrigo, en un movimiento que aún no logro tabular, sin duda una torpeza, dejó caer el calentador por la ventana. Se le resbaló. Y mientras caía todo se congeló. El tiempo sí que se dilata, Sabrina.
En ese preciso instante la conserje del edificio, siete pisos más abajo, recogía una moneda del suelo, un peso colombiano.
Pasó como cuando le das play otra vez a la película.
No se salvó. El calentador le partió la cabeza en dos.
Así mismo.
Rodrigo mató a la conserje con el calentador.
Gaby, coño, no te rías, se murió la vieja.

“Y el hijo es tatuador, ¡coño!”
Fueron las últimas palabras de Rodrigo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Del disfrute de crear

Era de noche cuando apareciste y te vi a través del ojo mágico de la puerta.

En la tarima sonaban los verdaderos.

Soñé que tenía un pié volador.

Serían las once de la mañana cuando por fin decidiste quitarte la ropa interior.

Angustia, eso provoca el derramar el agua con que limpias los pinceles.

Se te ocurren ideas inhóspitas.

¿Quién me abre la puerta si no hay nadie en casa?

Es como estar en una epopeya.

Quemas los títulos con una sonrisa viril.

Muéstrame, mundo.

Clavar un cuchillo en el vidrio.

Las rosas son rojas, mis labios también, ¿qué tal si te acuestas al revés?

Tu padre es un pez.

Entre esto y lo otro, hay un puente.

Hasta la vista, vista.

Apiádate, Borges.

El libro de los sueños y los sueños de los libros.

Acabo de encontrar la cosa perdida.

Si te me acercas, te abrazo.

El marsupial que sabía multiplicar el pan.

¡Crucifiquen a la hormiga!

Al vencedor, los vencidos.

Cabezas de pollo, todos.

Aláaaaaargaaaaaaateeeee paaaaalaaaaabraaaa y alcáaaaaaaanzaaaame.

El perro que se muerde la pulga.

Anoche tuve una visión, bailábamos por fin.

Inventemos la máquina que nos ayude a estar tristes.

¿Tengo un piano detrás de mi oreja?

Estudio los gozos de una lámpara.

Las fotos del matrimonio del reloj y el espejo.

Volar no es ninguna cualidad extraordinaria.

En el paredón de fusilamiento no sólo está un Buendía.

Dice el oso polar: es un delirio pretender.

La guía telefónica descansa en paz.

Hoy Morfeo me olvidó.


Capitán,

adiós.

martes, 5 de enero de 2010

Mi Bella Comunista


Mi bella comunista no es ninguna parte especial frente a mis otras partes obreras. No tiene intereses distintos de los que tiene todo el proletariado. Mi bella comunista se distingue del resto de mis partes proletarias únicamente en que, destaca y hace valer, dentro de las diversas luchas bipolares del proletariado, los intereses comunes de éste en su conjunto. Mi bella comunista, es, pues, en la práctica, la porción más decidida de las partes obreras, la que siempre me impulsa a ir más allá; en teoría comprende las condiciones, la marcha y los resultados generales de mis movimientos.
El objetivo inmediato de mi bella comunista es el mismo que el de todas mis partes: constitución del proletariado en clase, derrocamiento del dominio perverso y conquista del poder sociocerebralpolítico por el proletariado.
Pero la verdad es que mi bella comunista sólo quiere una cosa: la abolición de la perversidad privada neuronal.
Mi bella comunista, finalmente, trabaja en todos mis rincones por la unión y el entendimiento mis partes. Mi bella comunista rechaza ocultar sus opiniones, ella quiere gritarlas. Declara abiertamente que sólo puede lograr la paz en mi cabeza a través de la total abolición del orden neuronal hasta ahora existente. Que tiemblen las perversidades ante la revolución de mi bella comunista.

Los proletarios no tienen en ella que perder sino sus cadenas.


¡Proletarios de toda mi cabeza, uníos!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

A Roxana.

Así de inhóspitas
las letras se pasean de la mesa al comedor
como las manzanas
o como los planetas
que giran a su al rededor
se multiplican en el espacio
se esconden entre las líneas
no dicen nada, son vacías
tecnicolor o coloridas
ahí van sin freno
como mulas en el desierto
cargando pistachos de acentos
pero ningún significado
concreto.
Así de inhóspitas
se dibujan en la caída del árbol
en el flotar de una hoja
en el aroma del fósforo.

Así de inhóspitas
Se van quedando
En las agujas del tiempo
Hilando las vistas de las montañas más altas
Y de los ojos más negros.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La Moral Jorobada


Había una vez un camello bueno y un camello malo.

El camello bueno tomaba agua cuando lo necesitaba.
El camello malo era un goloso y se tomaba el agua de los otros camellos, sin tener sed.
El camello bueno tenía una esposa que vivía en Casa Blanca y criaba a sus hijos.
El camello malo tenía una esposa, diez amantes y veintitrés hijos repartidos en distintas jorobas.
El camello bueno le era honesto a su dueño, nunca le robaba las lechugas del almuerzo.
El camello malo cambiaba los dátiles de la merienda por piedritas del desierto y se escondía por la noche para comerlos.
El camello bueno se despertaba temprano para ayudar a las gaviotas.
El camello malo dormía hasta muy tarde, pasando la resaca del alcohol de pasas.

Un día se encontraron y compitieron en una carrera por el desierto.

El camello malo resultó ganador.
Y mientras le ponían la corona de laurel, el camello bueno lo miraba
con recelo.

El camello malo tomaba agua cuando lo necesitaba.
El camello bueno era un goloso y se tomaba el agua de los otros camellos, sin tener sed.
El camello malo tenía una esposa que vivía en Casa Blanca y criaba a sus hijos.
El camello bueno tenía una esposa, diez amantes y veintitrés hijos repartidos en distintas jorobas.
El camello malo le era honesto a su dueño, nunca le robaba las lechugas del almuerzo.
El camello bueno cambiaba los dátiles de la merienda por piedritas del desierto y se escondía por la noche para comerlos.
El camello malo se despertaba temprano para ayudar a las gaviotas.
El camello bueno dormía hasta muy tarde, pasando la resaca del alcohol de pasas.

Un día se encontraron y compitieron en una carrera por el desierto.

El camello bueno resultó ganador.
Y mientras le ponían la corona de laurel, el camello malo lo miraba
con recelo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Amor en 100


Sólo si no quieres.
Extraño el rocanrol.
Para ese entonces usaba un ridículo disfraz verde.
Te vas a caer si no te amarras las trenzas.
¿Ese es tu novio?
Te equivocaste de nota, otra vez.
Voy a vomitar.
Este es el carro de mis sueños.
¿Dónde está el cine auto?
Te quemé un cd.
Me estás jodiendo.
Quiero un sándwich de pavo.
Ya me gusta la lechuga.
A ver si aprendes qué decir.
Lindo lápiz labial.
Quédate con mi suéter.
A todas las chicas les gusta.
De verdad, no sé bailar.
Me gusta verte saltar.
Debes de tener las tetas más grandes del mundo.
Ahórrate el cumplido.
Lo recuerdo perfectamente.
Avísame cuando llegues.
Toma, el centro de mi pingüinito.
Déjame en paz.
Sí, estoy muy bien.
Perdón, me equivoqué de número.
¿Puedes bajarle volumen?
Estoy ocupado.
Sí, son las mismas medias de ayer.
Es demasiado tarde para caminar.
Entra por la puerta de atrás.
Uno con todo y el otro sólo con ketchup.
Te traje una roca.
Yo te invito.
Es sólo una amiga.
Shhh.
Esa es la casa de mi infancia.
No importa.
Estás borracha.
Eres mi pastelito de manzana.
Yo no sé qué haría sin ti.
¿Qué carajo te pasa?
Vuelve conmigo.
Sal de mi casa.
Se te quedó el diccionario.
Yo veo quién me abre abajo.
Roncas como un cochino.
Hazlo por mí.
Mi papá te odia.
Por favor, hazme ponquecitos.
Me gustas mucho.
Me desperté hace tiempo.
No sé por dónde empezar.
Este es el cuarto mensaje de voz.
¿Lo estás haciendo a propósito?
Sí, se nota.
Eres tan egoísta.
¿Quieres hacer algo?
Me gustó la parte en que él se cae y ella tira la torta al techo.
Jajajaja.
Jajajajajaja.
JAJAJAJAJAJAJA.
Terminamos.
Me corté picando una pera.
¿Y eso? ¿Quién te lo hizo?
Ese tipo te está viendo.
No soy lo que tú pensabas que era.
Qué bien hueles.
Es la luna.
¿Te desperté?
No quiero hacerte daño.
Olvídalo.
¿Qué dijiste?
Yo te llevo a tu casa.
Quiero dormir contigo.
No puedo dejarte ir.
Es para ti.
Yo también.
¿Te volviste loca?
Estoy harto.
Siempre es lo mismo.
Perdón.
No, no me corté el pelo.
No me pasa nada.
Me gustan tus ojos.
Estoy afuera.
Me encanta esa canción.
Eres mi alma gemela.
Salgamos a buscar erizos.
No lo puedo creer.
¡Ahhhhhh!
Dubirubidubidú.
¿Te tomaste algo?
No me cierres la puerta.
Apaga la luz.
¡Te voy a comer!
¿Me pasas la ensalada?
Ya llegamos.
Te amo.

martes, 28 de julio de 2009

Comunismo al Chingar


Chingo yo
Chingas tú
Chinga TU MADRE
Molotov


Abajo por favor eso muy bien ábrete enséñame uy gracias qué rico lo haces que sigas que sigas perra cierra la puerta más que me des más te dije y ay ay no no no me des así nene viene mi hija no me hagas esto no me muerdas en el confesionario Calypso tan duro por Dios por DIOS no puede ser no puede ser Jorge qué bien qué bueno ahí quédate ahí más Marta ponte en cuatro que la señora no se entere negra y enséñamelo enséñame el centro del universo y la insoportable levedad de Pedro hasta adentro no no no ahí vienen es mi primera vez vístete hay que buscarlas en el colegio de corazón te lo juro que eres el mejor polvo va bene stronza va bene de la vida grítame perra grítame perra dime cómo se llama sobre la tierra Bárbara tu abuela y ay qué rico qué rico sí SÍ SÍ Delia una vez más me dejas acabarte en la cara entre las tetas ponte esto entre las tetas Carolina soy tu jefe qué me lo digas sobre el escritorio una y otra vez sí grita mi nombre GABRIEL GABRIEL más duro que llega mi esposo acaba ya silvuplé silvuplé cherí háblame en japonés Yanira dime cómo te lo hace así así cállate quieres de una vez irte abajo o qué carajo.