jueves, 24 de septiembre de 2009

La Moral Jorobada


Había una vez un camello bueno y un camello malo.

El camello bueno tomaba agua cuando lo necesitaba.
El camello malo era un goloso y se tomaba el agua de los otros camellos, sin tener sed.
El camello bueno tenía una esposa que vivía en Casa Blanca y criaba a sus hijos.
El camello malo tenía una esposa, diez amantes y veintitrés hijos repartidos en distintas jorobas.
El camello bueno le era honesto a su dueño, nunca le robaba las lechugas del almuerzo.
El camello malo cambiaba los dátiles de la merienda por piedritas del desierto y se escondía por la noche para comerlos.
El camello bueno se despertaba temprano para ayudar a las gaviotas.
El camello malo dormía hasta muy tarde, pasando la resaca del alcohol de pasas.

Un día se encontraron y compitieron en una carrera por el desierto.

El camello malo resultó ganador.
Y mientras le ponían la corona de laurel, el camello bueno lo miraba
con recelo.

El camello malo tomaba agua cuando lo necesitaba.
El camello bueno era un goloso y se tomaba el agua de los otros camellos, sin tener sed.
El camello malo tenía una esposa que vivía en Casa Blanca y criaba a sus hijos.
El camello bueno tenía una esposa, diez amantes y veintitrés hijos repartidos en distintas jorobas.
El camello malo le era honesto a su dueño, nunca le robaba las lechugas del almuerzo.
El camello bueno cambiaba los dátiles de la merienda por piedritas del desierto y se escondía por la noche para comerlos.
El camello malo se despertaba temprano para ayudar a las gaviotas.
El camello bueno dormía hasta muy tarde, pasando la resaca del alcohol de pasas.

Un día se encontraron y compitieron en una carrera por el desierto.

El camello bueno resultó ganador.
Y mientras le ponían la corona de laurel, el camello malo lo miraba
con recelo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Amor en 100


Sólo si no quieres.
Extraño el rocanrol.
Para ese entonces usaba un ridículo disfraz verde.
Te vas a caer si no te amarras las trenzas.
¿Ese es tu novio?
Te equivocaste de nota, otra vez.
Voy a vomitar.
Este es el carro de mis sueños.
¿Dónde está el cine auto?
Te quemé un cd.
Me estás jodiendo.
Quiero un sándwich de pavo.
Ya me gusta la lechuga.
A ver si aprendes qué decir.
Lindo lápiz labial.
Quédate con mi suéter.
A todas las chicas les gusta.
De verdad, no sé bailar.
Me gusta verte saltar.
Debes de tener las tetas más grandes del mundo.
Ahórrate el cumplido.
Lo recuerdo perfectamente.
Avísame cuando llegues.
Toma, el centro de mi pingüinito.
Déjame en paz.
Sí, estoy muy bien.
Perdón, me equivoqué de número.
¿Puedes bajarle volumen?
Estoy ocupado.
Sí, son las mismas medias de ayer.
Es demasiado tarde para caminar.
Entra por la puerta de atrás.
Uno con todo y el otro sólo con ketchup.
Te traje una roca.
Yo te invito.
Es sólo una amiga.
Shhh.
Esa es la casa de mi infancia.
No importa.
Estás borracha.
Eres mi pastelito de manzana.
Yo no sé qué haría sin ti.
¿Qué carajo te pasa?
Vuelve conmigo.
Sal de mi casa.
Se te quedó el diccionario.
Yo veo quién me abre abajo.
Roncas como un cochino.
Hazlo por mí.
Mi papá te odia.
Por favor, hazme ponquecitos.
Me gustas mucho.
Me desperté hace tiempo.
No sé por dónde empezar.
Este es el cuarto mensaje de voz.
¿Lo estás haciendo a propósito?
Sí, se nota.
Eres tan egoísta.
¿Quieres hacer algo?
Me gustó la parte en que él se cae y ella tira la torta al techo.
Jajajaja.
Jajajajajaja.
JAJAJAJAJAJAJA.
Terminamos.
Me corté picando una pera.
¿Y eso? ¿Quién te lo hizo?
Ese tipo te está viendo.
No soy lo que tú pensabas que era.
Qué bien hueles.
Es la luna.
¿Te desperté?
No quiero hacerte daño.
Olvídalo.
¿Qué dijiste?
Yo te llevo a tu casa.
Quiero dormir contigo.
No puedo dejarte ir.
Es para ti.
Yo también.
¿Te volviste loca?
Estoy harto.
Siempre es lo mismo.
Perdón.
No, no me corté el pelo.
No me pasa nada.
Me gustan tus ojos.
Estoy afuera.
Me encanta esa canción.
Eres mi alma gemela.
Salgamos a buscar erizos.
No lo puedo creer.
¡Ahhhhhh!
Dubirubidubidú.
¿Te tomaste algo?
No me cierres la puerta.
Apaga la luz.
¡Te voy a comer!
¿Me pasas la ensalada?
Ya llegamos.
Te amo.

martes, 28 de julio de 2009

Comunismo al Chingar


Chingo yo
Chingas tú
Chinga TU MADRE
Molotov


Abajo por favor eso muy bien ábrete enséñame uy gracias qué rico lo haces que sigas que sigas perra cierra la puerta más que me des más te dije y ay ay no no no me des así nene viene mi hija no me hagas esto no me muerdas en el confesionario Calypso tan duro por Dios por DIOS no puede ser no puede ser Jorge qué bien qué bueno ahí quédate ahí más Marta ponte en cuatro que la señora no se entere negra y enséñamelo enséñame el centro del universo y la insoportable levedad de Pedro hasta adentro no no no ahí vienen es mi primera vez vístete hay que buscarlas en el colegio de corazón te lo juro que eres el mejor polvo va bene stronza va bene de la vida grítame perra grítame perra dime cómo se llama sobre la tierra Bárbara tu abuela y ay qué rico qué rico sí SÍ SÍ Delia una vez más me dejas acabarte en la cara entre las tetas ponte esto entre las tetas Carolina soy tu jefe qué me lo digas sobre el escritorio una y otra vez sí grita mi nombre GABRIEL GABRIEL más duro que llega mi esposo acaba ya silvuplé silvuplé cherí háblame en japonés Yanira dime cómo te lo hace así así cállate quieres de una vez irte abajo o qué carajo.


sábado, 6 de junio de 2009

Crustáceo a la Deriva


Resulta que la vi. Sí, la vi. Las cosas siempre caen desde arriba hacia abajo. Como las piñas. La noche planteaba una buena discusión acerca de los animales de granja, un muy buen plato de lechugas confitadas y alguna que otra bebida apocalíptica. Yo, sentado de tenazas, cejas, ojos, patas y cayos cruzados, me dedicaba a seguir la conversación sobre los conejos moteados, sin esperas de que ocurriera algo más emocionante. Sin embargo, o puedo decir también “Con embargo”, apareció. Su vestido morado ondeaba al ritmo del viento mientras se acercaba, a paso de jirafa, a saludarme. Se plantó ante mí como un roble de cien años, separó sus labios carmín y soltando una voz de emperatriz, me dijo: “Hola, cangrejo”. Al momento, me cayeron tres mil jardines colgantes y una codorniz. Sólo pude articular un agudo “Hola”. A partir de ese momento, mi nariz, alargada y triste, sólo pudo dirigirse a su olor. No podía controlarlo y me limitaba, la mayoría del tiempo, a concentrar mi vista en algún otro presente que allí se encontrase. Irremediablemente, mis patas me arrastraron a ella. Sus ojos oscuros penetraron mi débil armadura. Yo, siempre tratando de mantener mis manos en su lugar, no paraba de contar chistes navideños. Era mayo. A ella no parecía importarle y se reía como una pompa de jabón a punto de explotar. Las bebidas apocalípticas fueron, poco a poco, desnudando mi timidez. Atrevido, coloqué mi tenaza derecha sobre su muslo. Noté su emoción en el encurvamiento de sus pestañas, en la lentitud de su parpadeo y en sus labios entreabiertos. No podría explicar lo que sentí. Era como una lluvia de meteoritos de azúcar moreno sobre mi corazón. El acercamiento comenzaba a ser inevitable y como dos polos contrarios nos fuimos aproximando. Tomé una bocanada de aire y con ella entraron a mis pulmones mil canarios volando. Nuestros labios se hicieron de la misma materia y yo sólo sentía ver siluetas de colores, suaves gardenias, dos elefantes bailando chachachá y una ardilla recolectora de fresas. Al separarnos, caí como una pluma de avestruz sobre mi silla. Y ella, holgadamente, con su vestido morado y sus zapatillas de mandarina, se fue. Yo seguía sintiendo su boca sobre mi boca y como una alfombra mágica, flotaba sobre la superficie. Imaginaba cultivar tomates con ella. Andar en bicicleta por la sabana. Correr libremente por los mares en un bote de algodón. Decidido y con el ímpetu de un caballero dragón, la busqué para contarle mis planes, los planes que había hecho nuestros. Mis ojos fueron saltando entre todas las figuras hasta que la encontraron. El mundo se había acabado y sólo quedaba un carbón solitario. Un ruido sordo explotó dentro de mi cabeza al verla entre otras patas. Ella se confundía entre la piel de un gran mastodonte. Y era grotesco. Al principio no podía creerlo pero conocía muy bien sus movimientos. Desolado y arrastrándome por la arena de la noche, fui acercándome al mar. Olvidé los tomates, las bicicletas y el algodón. Una ola me atajó mientras caminaba y me dejé llevar por la alta marea. Y no más labios carmín. Y no más pestañas curvadas. Caí hasta lo más hondo del mar, en el silencio más profundo, donde sólo las partículas de vida se marean entre si. Y alistándome para un sueño eterno, me volví el mismo ermitaño
de siempre.

jueves, 7 de mayo de 2009

Insulto en Verso Libre

Tú, cabeza de plátano
de mil piernas y mil brazos
no sirves para un carajo.

Te rascas la barriga
cual príncipe
y no haces más
que…

Tú, alma de miércoles
de mil bocas y mil lenguas
eres como un sostén
para palomas

Ni el coco te quiere asustar
Ni la llorona hacerte llorar
Ni el payaso pintar

Tú, mal imitador de Satanás
Tu arroz me sabe mal
y ni se diga tu...


Ay ajo
Ay perejil
Ay cebolla
Ay cotoperí

Y En fin,
para resumir,
las uñas no te sirven
ni para rascar

ni seducir.

martes, 31 de marzo de 2009

Este es el cuento
que cuenta
el cuento de un cuento
que contaba callado.

Este cuento
era un cuento silencioso,
y todos los cuentos
que sí contaban
se burlaban de él.

Eh, cuento, no sabes contar nada
Cuenta pues, cuento
¿El gato te comió el cuento, cuento?

El pobre cuento que no contaba nada
sí contaba otras cosas
otras cosas no contadas antes
otras cosas que sólo podían ser contadas
en silencio.

Un día, cansado de que todos se burlaran de él
Se paró ante todos los cuentos
y los miró, a cada uno de ellos,
Fiiiiir meeeee meeeeente
y con los ojos
contó estrellas, mares, amores y pinceles

y en el silencio más profundo
este cuento que no contaba nada
se terminó.