
Cuando una lagartija se enamora, se pone rosa rosada, color mora. Pierden la visión y chocan contra todo. Los árboles y las plantas se molestan por el atropello y las lagartijas entonces lloran un poco, pero en silencio. Si el amor es correspondido, de sus costados nacen alas. Se vuelven voladoras zumbantes y no hay halcón que las detenga ni gallo que las aplaste.
Hay lagartijas amantes del café, otras fuman cigarrillos de amapola sentadas en el porche de su hoja. Hay lagartijas filósofas y hay lagartijas plomero.
Todas viven en el bosque y gozan siempre de tomar el sol de las doce:
quietas,
inmóviles
y eternas.




